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Praxiologia

LA TRAMA DE LA INCONSISTENCIA HUMANA-SER SUJETO POLITICO COMO RETO DEL TRABAJO SOCIAL-

LA TRAMA DE LA INCONSISTENCIA HUMANA-SER SUJETO POLITICO COMO  RETO DEL TRABAJO SOCIAL-

Pensar el Trabajo Social como ‘agencia política para el cambio’ remite a la discusión de dos asuntos; uno, el de las prácticas profesionales y académicas enfrentadas a la complejidad del pensamiento contemporáneo y, otro, el del sujeto, en tanto profesional o prospecto de profesional que, con sus narrativas de vida, construye el mundo de la vida para dar sentido a su cotidianidad bajo el principio autopoietico: producto-productor de la acción social o, desde otra perspectiva, configurar la condición humana que, no es otra cosa que el entramado instituido por la interacción: sujeto-realidad-historia o redes conversacionales que definen lo social.

 Ahora bien, el primer asunto será objeto de discusión y análisis en otro espacio como objeto de investigación semiótica o hermenéutica que, a partir de los significados expresados en los discursos, devele ‘las practicas discursivas’, de las comunidades académicas, bajo el principio epistémico citado. Aquí el interés se centra en el segundo asunto para preguntarse por el sujeto que produce y reproduce significados no sólo en un contexto de significación, dotado por la cultura como expresión simbólica, sino por los significadores que, como carga emocional, moral y cognitiva, definen al actor social protagónico en su territorio a través de la acción comunicativa. Ello lleva a precisar que el mundo no se construye en la realidad del discurso (lo enunciado), pues se estaría sugiriendo una relación de distancia y el mundo se daría en la representación como tal (predeterminado) y no se estaría objetivando, en términos de Berger y Luckmann (2001). El mundo se construye en la interacción a través del lenguaje en el entendimiento dialógico; surge precisamente en un proceso de intercambio en el horizonte de un ejercicio de interpretación.

 Construir mundo implica así una cercanía permanente con la contingencia, con la incertidumbre y con el azar, como lugares de emergencia de la crisis. Esto es, como emergencia que al negar otros puntos de vista o al pactar intersubjetivamente verdades que violan cualquier criterio de validez caen en la entropía humana. Tal como afirma la Trabajadora Social Teresa Matus (2003), se vive la paradoja civilizatoria, esto es, se pretende conservar lo inconservable, se persiste en juegos de poder que generan violencia y se definen estrategias para sancionarla.  En fin, crisis que  expresa un norte de la convivencia humana condensado en figuras fantasmagóricas de poder, donde la acción comunicativa es una falacia  bajo las figuras de: ‘reconocimiento de la diferencia’, ‘respeto por lo otro’, ‘transparencia’ y, algo no menos significativo, ‘el derecho a disentir’ y ‘el derecho a no ser incluido en el infierno de los otros’.

Aquí imaginarios de miedo trasversalizan al sujeto, negándolo como actor social al imbricarlo en una cultura del autoengaño. Tal como asume Habermas (1999), en su crítica a las ideologías, se distorsiona la comunicación a través del ejercicio de la violencia invisible, cuando ésta se regula por límites impuestos a través de la coacción como lugares comunes aceptados desde afuera. Este pensador da una interesante salida mediante la problematización de las pretensiones de validez de los presuntos asuntos del conflicto (como discrepancia) que, como disenso frente a los contenidos proposicionales del discurso, se manifiestan en pugna de expectativas para perturbar el sentido pragmático de la interacción y su contenido normativo. En esta perspectiva, para resolver la crisis, lo que se demanda es un ejercicio de interpretación que a la vez es un asunto no sólo de conciencia moral sino de cognición (uso de razón) y emoción (autorreconocimiento como actor social).

 De lo anterior se infiere, por un lado, que las dudas no deben ser objeto de negación sino de explicaciones, razones y justificaciones basadas en criterios de inteligibilidad, validez y veracidad y, por el otro, que la ruptura de la acción reciproca y corresponsable, presupone un problema de verdad que inmediatamente remite a la escisión de los intereses de la acción en los planos de la racionalidad humana (orientación estratégica, orientación normativa y orientación al entendimiento mutuo). Se cae en el imaginario de un mundo fragmentado por la incompetencia del los sujetos. Al respecto Habermas afirma: “El mundo de la vida sólo se abre a un sujeto que haga uso de su competencia de comunicación. Sólo puede tener acceso a él participando, al menos virtualmente en las comunicaciones de sus miembros y por tanto convirtiéndose a sí mismo en un miembro por lo menos potencial” (Habermas: 1999:13).

 En este punto de la reflexión ya es evidente el caos de la vivencia cotidiana y la pregunta sobre la validez de la acción del agente, en este caso el Trabajador Social, que supone agenciar la agencia política cuyo acometido es el actor social configurado como sujeto político. Sujeto que racionalmente motivado se orienta en perspectiva del otro para fijar metas teniendo en cuenta las consecuencias de su acción. Se observa que este acometido es desalentador frente a la realidad humana como tejido ralo que cuestiona la presencia del sujeto político. Este sujeto aquí no tiene posibilidades al negarse y negársele el dialogo de subjetividades y la negociación de significados.

 Al no haber sujeto político, el acometido para el Trabajo Social, frente a la pretensión de agenciar lo político, es el de crear una escuela de actorazgo social que, en el contexto de la autocomprensión, de luces a la ilusión teleológica (pretensión de ideales) a partir del autoentendimiento hermenéutico como estrategia de autoconocimiento. Esto es, sugiera el uso de la razón mediante la voluntad como base de la razón practica-moral. Esto implica el develamiento de modelos de poder, de falsas pretensiones del proyecto de vida y de idealizaciones yoicas (deseos de verse).

La permanencia de la inconsistencia humana (desarmonía de los mundos), en tanto inconciencia moral, re-produce sujetos neurotizados que hacen de la convivencia cotidiana “el infierno de los vivos”, en palabras de Italo Calvino (1988). Quiere  ello decir, si se miran las conciencias humanas a través de lo que comunican por medio de los lenguajes no verbales, que se habita un territorio con limites difusos, impuestos al libre albedrío del otro, cuya constante pereciera ser la destrucción de la trama de la vida. Cosa paradójica si, como humanos, el sentido de la vida es la vida. Esto es muestra de un sujeto presente en el drama de la distorsión y ausente en el drama de la conmiseración humana (compasión por el otro).

Para finalizar, a manera de colorario: si Trabajo Social, en su función formadora con orientación ética en la pretendida perspectiva de la discursividad argumentativa, no se abre a la acción comunicativa, como estrategia de interacción social (su objeto), en tanto, quiérase o no, agencia de actores sociales que como sujetos políticos impacten su propia realidad y la de otros, estará condenado al ostracismo.

 Hay que develar mediante una lectura hermenéutica las estrategias de poder, si se pretende construir ciudadanía, paz y convivencia pacifica, en desde y para el Desarrollo Humano crítico o en la perspectiva de la complejidad y cuestionar practicas profesionales situadas en acciones estratégicas que fragmentan al sujeto y producen cegueras del conocimiento con cosmovisiones producto-productoras de modelos mentales ingenuistas. ¿Que hacer? Atacar al miedo y recuperar al sujeto…!he ahí el reto de un Trabajo Social agenciador de lo político!... Una salida: ‘un darse cuenta de’.

 

BIBLIOGRAFÍA

 BERGER Y LUKMANN (2001). La construcción social de la realidad. 17º edición. Buenos Aires: Amorrortu.

BOWLBY, John. (1998). El apego y la pérdida 1. Barcelona: Paidos.

MARTIN, Doris y BOECH, Karier. (1997). Qué es la Inteligencia emocional. Santafé de Bogotá: Círculo de Lectores.

CALVINO, Italo (1988). Las ciudades invisibles Madrid: Siruela.

DE GREGORI, W. (1999). Construcción del poder de tus tres cerebros. Bogotá: Kimpres.

DEJOURS Christophe (2001). El factor humano, Asociación trabajo y sociedad. Buenos Aires: Editorial Lumen.

GOLEMAN, Daniel (1995). La Inteligencia Emocional. Santafé de Bogotá: Javier Vergara Editor.

HABERMAS, Jürgen (1999). La teoría de la acción comunicativa. Racionalidad de la acción y racionalización social. Cuarta edición. Madrid: Taurus, 1999. Tomo I.

HOWE, David. (1997). La teoría del vínculo afectivo para la práctica del Trabajo Social. Barcelona: Paidos.

MATURANA, Humberto (1997). Emoción y lenguaje en educación y política. Novena edición. Santiago de Chile: Dolmen.

MATUS, Teresa (2003).

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